Visita de un gringo a Venezuela

A finales de Noviembre me lleve a mi gringuito pa’ Venezuela.  Lo primero que le sorprendió fue que tuvimos que hacer conexión en Toronto, Canadá. Y bueno es que es medio ilógico ir más al norte para después bajar al sur ¿no? Pero es que ese fue el pasaje que se consiguió y era más barato que el que hacía escala en Atlanta o en Miami. En fin, luego del largo vuelo, llegamos a Maiquetía, y pues como ustedes ya saben, la travesía apenas comienza, aunque tengo que reconocer, bajarse del avión no fue tanto problema, el vuelo tenia algunos puestos vacíos y la gente como que no traía muchas cosas, en un momentico logramos pasar por inmigración, sin problemas y sin colas, si sin colas, la cola se empezó a formar justo después que pasamos. Ahora nos toca ir a buscar las maletas, y bueno ahí si nos tardamos un poquito esperando, pero llegaron las dos maletas…
Ahí salimos y nos recibió la familia, caminamos hasta el estacionamiento y entre saludos y cuentos nos embarcamos en la Caracas - La Guaira. Todo parecía bien, era demasiado bueno para ser verdad, pero no duró mucho, y agarramos   “la cola”, nos tomó como dos horas llegar a la Tahona, y ese gringo mostró su primer asombro. La cantidad de tráfico y el tiempo que uno pasa en él y así mismo el segundo asombro, las motos, si había casi una cola de motos pasando entre los canales. Esto nos lleva al tercer asombro, la forma en que maneja la gente, entre esquivar las motos y la gente cambiándose de canales y los carros casi pegados unos a otros… Asi mismo hubo otros asombros relacionados con el tráfico como los semáforos en rojo que de noche se ignoran, o manejar por el hombrillo….
Ahora bien, ya en la casa y luego de descansar se le medio explicó lo del dinero, bueno solo se le dijo cuanto equivale un dólar en bolívares (en el mercado negro). Ya de antemano se le había advertido de que no podía cargar reloj ni nada que llame la atención. En fin, nos fuimos al automercado y el pobre gringo no podía creer lo barato de las cosas, baratas para él…. Se volvió como loco comprando, le quería hacer un mercado a mi mamá, pero tuvo que resignarse a algunas cositas nada más. Lo que más le gusto fue el aguacate y los mangos, estaba sorprendido de lo grande que eran, claro aquí lo que se consigue son unos aguacaticos mínimos.
Un día lo llevamos al Ávila, cuando vio el teleférico preguntó si nos íbamos a montar ahí como con inseguridad y creía que era un pedacito nada más, estaba medio asustado, pero macho al fin, no lo quería reconocer. Al llegar arriba estaba encantado, le gustó mucho la vista y estaba fascinado con los árboles y pájaros. Luego bajamos a Galipán y le encantó ese pueblito, tomó fotos como loco, todo le llamó la atención, las casitas, los cultivos, hasta los 4 x 4, decía que aquí en EEUU eso costaría una fortuna.
También lo llevamos a la Hacienda Santa Teresa, lo cual disfrutó muchísimo. Quedó fascinado con todas las reuniones familiares a las que fuimos, se sentía de lo más homenajeado. Luego fuimos a Margarita, encantado con la playa y el sol, pero rápidamente y por las malas aprendió que el sol del trópico no es igual al de Gringolandia, pero aprendió su lección.
Otro día lo llevamos a Hansi del Hatillo, duramos como una hora en el primer pasillo, como loco con la artesanía, tomando fotos y registrando todo.
Le gustó mucho las casas de mi familia con pisos de terracota y el estilo colonial, mostró interés en los sistemas de seguridad de las casas, los altos muros, las rejas, las botellas de vidrio quebradas en el tope, etc. Le gustó que las cosas estén hechas para que duren, son estructuras fuertes.
En definitiva la pasó muy bien, le gustó mucho la ciudad y le vio el potencial que tiene, estaba un poco confundido de que una ciudad tan bonita tuviese tantos defectos, entre el tráfico, las paredes llenas de grafitis, las largas colas para pagar, o en el aeropuerto, el tiempo de espera para agarrar un taxi, la inseguridad, la falta de atención al cliente, etc.
A mi como venezolana tengo que admitir que esta vez que fui vi a mi país peor que hace 6 meses cuando fui, es lamentable ver como las cosas están peor. Ver que mi familia aún tiene que vivir ahí y aguantar todo lo que está pasando es lamentable. Es lamentable ver como un país tan bonito esté en el estado en que está. Y ahora, la gente que solía ser tan alegre y elocuente ahora es amargada y asustada todo el tiempo.


Espero que este 2014 traiga paz para Venezuela y los venezolanos.

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